Escribir en tiempos de crisis.

Hay una cita atribuida a Bertolt Brecht que me gustaría mencionar en este momento: “La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo acaba de nacer”. Ciertamente, una gran frase.

Repaso mentalmente los mejores momentos en los que he escrito, ya sea en papel o en diferentes blogs. Me doy cuenta que “los momentos cumbre” (si a alguno de mis textos se le puede llamar así), corresponden a algún momento de crisis.

Las hay de diferentes tipos, en diferentes momentos. En mi caso responden a tres tipos que a fin de cuentas, creo pertenecen a la misma etiqueta. Podrían decirse “existenciales”, quizás “de transición”, o tal vez “personales”. Al caso, siempre corresponden a un momento como el citado anteriormente. Ni pasa una cosa del todo, ni acaba de llegar lo que ha de venir.

Hago un recuento de esos momentos. Como aquella vez en que la muerte se presentó en mi familia. Real y palpable. De ese entonces quedan mis primeros escritos, que por casualidad son de poesía. Cuadernos, hojas y hasta servilletas pertenecen a esta etapa.

El primer duelo de mi vida fue algo que tenía que pasar indudablemente. Cuando pasó por completo, descubrí que me gustaba el oficio de las letras. (Si lo hago bien o mal no tiene relevancia en lo absoluto, pues hasta el momento, mis escritos son personales.)

De ahí en adelante seguí escribiendo, pero creo que para el tema no hay nada relevante sino hasta que abrí mi primer blog personal. Recuerdo bien ese momento porque fue un momento de transición. En ese entonces, salía yo de la universidad para comenzar a buscar un lugar en el campo laboral de tiempo completo.

Esa tensión nerviosa fue una de las razones para comenzar a escribir mi primer blog. Por supuesto, no era un diario de encontrar un primer empleo, aunque creo que quizás, hubiera sido un buen experimento. La manera de sacar esa tensión se presentó haciendo reseñas de páginas de Internet que me parecían interesantes. Al poco tiempo conseguí un empleo y continué con mi blog. De nuevo pasó el momento de crisis para reafirmar algo a través de las letras.

Con ese blog duré casi seis años. También colaboré en otros blogs pequeños los cuales ahora están perdidos en la red. Pues bien, en esos seis años se presentaron dos crisis más.

La primera fue cuando en mi segundo empleo, (un despacho de abogados en aduanas), las cosas se empezaron a poner de color de hormiga. El director general de dicho despacho hacía gala de ser un jefe prepotente, además de sentirse el macho alfa de la oficina. Hacía abuso de su posición dándose el lujo de tener dos amantes en el mismo lugar de trabajo. Además, tenía a dos de sus hermanos y a su hijo viviendo con todos los lujos a costa de la nómina.

Su promiscua vida personal o su nepotismo voraz es algo que poco nos importaba. Y digo poco porque había un punto donde sí nos causaba ruido. Ese punto era cuando llegaban los días de pago y toda su familia cobraba, pero nosotros no.

Esta crisis se fue acrecentando hasta el momento en que empezaron a reventar muchas, muchas cosas. Por ejemplo, hubo una vez en la que no se nos pagaron tres quincenas seguidas: 15 de abril, 30 de abril y 15 de mayo. El 15 de mayo ya estábamos la mitad de la plana laboral haciendo fila afuera del cubículo de la contadora cuando salió y calmó los ánimos diciendo que sí iba a haber pago.

Pasamos uno por uno por nuestros cheques… y por una sorpresa. ¡Sólo había caído el pago del 15 de abril! Extraoficialmente nos enteramos que el jefe estaba endeudadísimo con sus tarjetas de crédito, la renta de un departamento para ir a pasar ratos románticos con sus chicas y el angelito acababa de estrenar auto del año.

La contadora nos finiquitó a la quincena siguiente, pero la información de que este gañán ya había jineteado nuestra lana ya se había filtrado irremediablemente. A la par de esta penosa situación, un grupo de compañeros pasamos de tener una relación laboral a ser muy buenos amigos. Recuerdo que incluso, cuando llegaban los días de quincena y sabíamos que nos iban a atrasar el pago por cuestión de días, nos preguntábamos entre nosotros si íbamos a cobrar y acto seguido, poníamos esta canción:

Como era de esperarse, el despacho terminó quebrando. A todos nosotros nos fueron dando las gracias uno por uno hasta que la compañía se hizo pomada. Me enteré que la oficina se vendió y que las deudas del jefe eran tan elevadas que hasta terminó escondiéndose de sus acreedores. El karma hizo lo suyo y sus amantes lo abandonaron cuando el dinero se esfumó.

¿Y qué quedó de esa crisis? Puedo decirles que varias cosas buenas. De entrada, grandes amigos a los cuales veo hasta la fecha. Segundo, cuando me despidieron tuve la oportunidad de, más que de trabajar, hacer lo que más me gusta. Cosa que sigo haciendo actualmente. Y tercero, (y retomando el tema), puedo presumir que fue en esta etapa cuando más personas leían mis escritos en mi primer blog. Lo cual, quiero pensar que no estaba tan mal. (De hecho, hasta un día conocí a una de mis lectoras que a la fecha también es una muy buena amiga mía).

El segundo punto de crisis que sobrevivió ese blog fue un gran rompimiento amoroso. ¿Cómo les explico? De pronto tienes el trabajo perfecto, con la vida perfecta y la chica perfecta a tu lado ¡y tómala! Tu chica de buenas a primeras apuesta por romper la relación e irse de indocumentada a los Estados Unidos.

Y sí, ella se fue. Etapa que curiosamente puedo describir como “la edad de plata” de ese blog. Después de haber asimilado esa partida encontré un timing perfecto de escritura. Publicada dos posts diarios (uno en la mañana y uno en la noche). La gente llegaba a leer ¡y hasta comentaban!

Cabe resaltar que en ese entonces jamás escribí acerca de su partida. Mis temas de escritura se comenzaron a centrar en las muestras de la industria en la que trabajo (publicidad) en otras partes del mundo. La verdad, no fue nada mal. Conocí a personas con los mismo intereses laborales que los míos. Además, para ser honestos y por más despechado que se escuche (aunque puedo asegurarles que no es así), su despedida me vino como anillo al dedo al comenzar a trabajar en un una rama laboral tremendamente demandante en lo que respecta a tiempo.

El final de esta crisis se puede resumir en una sola palabra: Aprendizaje. Lo hubo, y en cantidades extraordinarias.

La exorbitante carga de trabajo hizo que poco a poco ese blog fuera muriendo hasta casi desaparecer. Los posteos pasaron de ser de dos diarios hasta una abismal caída de uno por cada tres o cuatro meses. Mi vida laboral fue dando giros, cambios de empleo, ascensos de puesto, cambio de colegas de trabajo y todo ese tipo de cosas que se pueden imaginar.

Curiosamente, fue este abismo de escritura lo que causó varias minicrisis en el mismo blog. Pero también, cada que me nacía un sentimiento de culpa por haber abandonado a mis lectores, entraba y escribía un post breve pidiendo disculpas, platicando lo que acontecía en ese momento y por último, un post. Escribir por la crisis y para la crisis.

Posteriormente hubo dos lapsos de crisis más. Ambos relacionados por la misma chica. (Y curiosamente ambos relacionados con las fechas decembrinas.) El primero fue en su ausencia. En lo personal, no celebro la Navidad pero la víspera de año nuevo es para mi un momento muy especial.

Pues bien, fue la primer víspera de año nuevo sin ella. Recuerdo que eran los primeros de ese año nuevo. Lo único que hice fue entrar a mi blog, redactar un post con lo mejores deseos para todos mis lectores y acto seguido, irme a dormir. La escritura estuvo para destilar el frío.

El segundo episodio tuvo ocasión mucho tiempo después. Déjenme decirles que la chica en cuestión regresó y por poco, la historia hubiera tenido un final feliz. Su ausencia terminó y es más, comenzamos a vivir juntos. Uno podría pensar que después de mucho tiempo de estar juntos y de dos veces de vivir con alguien (sí, ¡dos!), un chico y una chica pueden ser el uno para el otro.

Pero ya lo dice el viejo conocido refrán: “¿Quieres hacer reír a Dios?, ¡cuéntale tus planes!” Y fue así como ella quería tener hijos y yo quería esperar para tenerlos. Fue así como también pasé la víspera de año nuevo más incómoda de mi vida. Al primero de enero, una relación de siete años, era terminada. Hoy sé que ella tiene lo que quiere. (De hecho, ya es mamá). Y yo, estoy bien.

El último post de mi primer blog coincidió con esa ruptura. Toda una era terminó de esa manera. Se cerró un largo ciclo en el que me sumergí por completo en el trabajo. No había escrito de nuevo en un blog hasta el día de hoy.

La razón por la que redacto esto, ya se la estarán imaginando en este momento…

Sí. Este 2012 ha dejado muchos episodios a cuenta de mi historial personal. Para cerrar con broche de oro el año, tengo un asunto familiar pendiente en casa y digamos que no fue mi año en la situación sentimental. ¡Pero qué rayos! Como decía el inmortal Humprhey Bogart en la maravillosa “Casablanca”: “Siempre nos quedará París…”

Y heme aquí, escribiendo de nuevo en un blog. No sé si refugiándome o simplemente, haciendo una bitácora de los tiempos de crisis.

Creo firmemente que los tiempos de crisis impulsan lo mejor de cada uno. Considero que hay una cadena detrás que ha jalado el desarrollo humano. Científico y artístico. Creativo en general.

Lo mío es una tormenta en un vaso de agua comparado con las grandes crisis y los grandes avances. Por ejemplo, pensemos en las guerras. La cantidad de invenciones que derivan de esos trágicos acontecimientos. O incluso la parte más artística. Obras como el “Guernica” de Picasso. U otro ejemplo sin ir más lejos, las maravillosas muestras de fotoperiodismo. Ejemplos hay muchos. De veras.

Supongo que todo el movimiento se da en el momento el que uno deja de sentir a gusto con algo. Sea la proporción que sea. Y eso está muy bien.

¿Crisis?, ¿cuál crisis?

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